DIGO "TE AMO" PERO NO LO DEMUESTRO
En nuestra vida cristiana, en varias ocaciones le decimos a Dios que lo amamos, pero amar a Dios no se trata solamente de lo que decimos de la boca para afuera, cuando todo nos va bien, sino en todo momento, tanto en los buenos como en los malos, viviendo verdaderamente lo que decimos.
Decimos a Dios que lo amamos, pero no oramos, no nos congregamos, y no amamos a nuestro prójimo, ni a nosotros mismos.
El amar a Dios es estar junto a Él las 24hs, los 7 días de la semana, viviendo una vida digna delante de los ojos de Dios, no viviendo como “Creyente”, sino como Cristiano puro al ciento por ciento ante la presencia de Dios.
Amar a Dios no es orar cada mañana al despertarnos solo para “cumplir” con Dios.
El amar a Dios es sentir la necesidad de estar en su Presencia en cada momento y en todo lugar.
Amar a Dios no es leer un versículo de la Biblia por día, amar a Dios es escudriñar su Palabra, tomando cada una de ellas para mejorar nuestra vida.
Amar a Dios no es ir a la Iglesia todos los domingos a ser hipócritas, a hacerse el “cristiano” delante de los ojos de los demás hermanos, subir al púlpito cantando y haciendo como si de verdad recibieras de Cristo. BASTA de líderes Hipócritas, BASTA de hermanos con múltiples personalidades, BASTA de estar cantando a Dios en la Iglesia, y al terminar la reunión se van a los boliches, bares, o simplemente vuelven a sus casas a caer nuevamente en las mismas tentaciones, en los mismos vicios, aman tanto al mundo que siguen perteneciendo a él.
“Ustedes no aman a Dios, ni lo obedecen. ¿Pero acaso no saben que hacerse amigo del mundo es volverse enemigo de Dios? ¡Pues así es! Si ustedes aman lo malo del mundo, se vuelven enemigos de Dios.
Santiago 4:4
Si verdaderamente somos Cristianos demostrémoslo con nuestro actos, si verdaderamente somos Hijos de Dios y lo Amamos demostrémoselo a Él.
“Amen a los demás con sinceridad. Rechacen todo lo que sea malo, y no se aparten de lo que sea bueno” Romanos 12:9
1ra de Corintios 13
Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma de los ángeles. Si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso; ¡soy como una campana desafinada!
Si no tengo amor, de nada me sirve hablar de parte de Dios y conocer sus planes secretos. De nada me sirve que mi confianza en Dios me haga mover montañas.
Si no tengo amor, de nada me sirve dales a los pobres todo lo que tengo. De nada me sirve dedicarme en cuerpo y alma a ayudar a los demás.
El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable.
El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie.
No es orgulloso.
No es grosero ni egoísta.
No se enoja por cualquier cosa.
No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho.
No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad.
El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo.
Sólo el amor vive para siempre. Llegará el día en que ya nadie hable de parte de Dios, ni se hable en idiomas extraños, ni sea necesario conocer los planes secretos de Dios. Las profecías, y todo lo que ahora conocemos, es imperfecto, todo lo demás se acabará.
Alguna vez fui niño y mi modo de habar, mi modo de entender las cosas, y mi manera de pensar eran los de un niño. Pero ahora soy una persona adulta, y todo eso lo he dejado atrás. Ahora conocemos a Dios de manera no muy clara, como cuando vemos nuestra imagen reflejada en un espejo a oscuras. Pero, cuando todo sea perfecto, veremos a Dios cara a cara, Ahora lo conozco de manera imperfecta; pero cuando todo sea perfecto, prodré conocerlo como él me conoce a mí.
Hay tres cosas que son permanentes: la confianza en Dios, la seguridad de que él cumplirá sus promesas, y el amor. De estas tres cosas, la más importante es el amor.
Pero Dios es muy compasivo, y su amor por nosotros es inmenso. Por eso aunque estábamos muertos por culpa de nuestros pecados, Él nos dio vida al resucitar a Cristo. Nos hemos salvado gracias al amor de Dios. Efesios 2:4-5
Decimos que amamos a Dios pero no nos preocupamos por nuestros hermanos que mendigan en la calle, decimos que somos cristianos pero no hacemos nada que no sea para nuestro propio bien, decimos que somos Hijos de Dios, pero no nos comportamos como tal. Vivimos del qué dirán, vivimos bajo las tentaciones y pecados del mundo. Acordándonos de Dios solamente cuando necesitamos algo.
Si decimos que amamos a Dios, y al mismo tiempo nos odiamos unos a otros somos unos mentirosos. Porque si no amamos al hermano, a quien podemos ver, mucho menos podemos amar a Dios, a quien no podemos ver. 1ra Juan 4:20
Amar a Dios es servirlo en todo momento, no solo cuando alguien nos esté viendo, sino cuando nadie esté, cuando la necesidad se presente delante de ti y puedas ayudar. Sin importar lo que el vecino diga de vos, o lo que tus compañeros de colegio, facultad o trabajo piensen de vos. Jesucristo fue humillado, golpeado, maltratado, y sacrificado en una cruz, lo trataron como lo peor del mundo, todo por ser Hijo de Dios, todo porque Vos y yo seamos salvos, ¿no te parece que el alto precio que pagó en la cruz no amerita que lo sirvamos de verdad?, ¿que dejes definitivamente todo lo que te aleja de Él, y lo sirvas?.
Jesús día a día está en la puerta, te llama, y vos preferís hacerte el que no escucha, mientras Él intenta una y otra ves, abrile la puerta, dejalo pasar, pero para que viva de verdad dentro tuyo, que sea verdaderamente el Salvador y Rey de tu vida, solo así vas a poder sentir lo que es el Amor Real de Dios en tu Vida, y al recibir Amor de parte del Padre vas a poder Amarlo de verdad tanto a Él como a los demás.
Dios Te Bendiga.
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